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La Navidad y los adultos mayores

 

La Navidad tiene diferentes significados para las personas. Sería de gran beneficio que tomáramos unos momentos y dejáramos que su significado tan especial se desarrolle en nosotros... y es que es una realidad que muchas personas adultas mayores pasarán solas y tristes por la incomprensión de sus familiares, que los marginan y no los toman en cuenta en las celebraciones propias de esta festividad. ¿Por qué se presenta esta situación? Para muchas personas, los adultos mayores son considerados una carga y una limitación para todas sus actividades sociales.

El grado de violencia que está viviendo el país hoy es preocupante, ya que la persona más vulnerable y afectada es la persona adulta mayor. Una de las formas más frecuentes de abuso, hoy, es la negligencia, pues no se preocupan en absoluto del cuidado básico, como higiene, vestimenta, alimentación, medicación y acompañamiento que requieren, como seres humanos, algunos con limitaciones físicas y médicas, sobre todo en edades avanzadas.

Los detonantes provienen del desconocimiento del proceso de envejecimiento que todos, con la gracia de Dios, alcanzaremos tarde o temprano, razón por la que debemos informarnos, capacitarnos y analizar profundamente esta realidad humana.

Acompañamiento y disfrute. Hagamos propicia la ocasión en esta época para ayudar solidariamente a todas las personas mayores, en especial a las que no tienen familia ni medios económicos, para que en esta Navidad se sientan acompañados y disfrutando del lugar que les corresponde.

Estas personas mayores han dado aportes importantes a la sociedad costarricense en su vida productiva, pero hoy requieren comprensión, cariño y calor humano para que disfruten plenamente del sentimiento de la Navidad. Así ofreceremos un ejemplo de solidaridad, respeto y dignificación para los mayores y, a la vez, un ejemplo para las personas más jóvenes, quienes un buen día serán mayores.

Acompañemos a los que viven en hogares sustitutos o en hogares para ancianos, como un acto de reciprocidad. Regalemos un rato de esperanza.

Fuente: laNación.com