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!No somos invisibles!

 

Es la frase que repiten las personas adultas mayores ante el maltrato, la violencia, el abandono y la discriminación laboral por edad, entre otros problemas que afectan a este sector de la población.

Para algunas personas, la vejez está asociada a ideas negativas como la pérdida de capacidades, la debilidad y las enfermedades; lo que genera discriminación, los excluye e invisibiliza. Ante esta realidad, se requiere por parte del Estado y de la sociedad de un cambio de paradigmas en el trato a las personas adultas mayores, que pase del modelo asistencialista a otro que implique el respeto y defensa de sus derechos.

Así como el Estado debe diseñar políticas que favorezcan el ejercicio de sus derechos, las familias deben hacer efectivo el deber de cuidado. Por su parte, las organizaciones de personas adultas mayores tienen  mucho que aportar en esta nueva visión de la vejez y del envejecimiento ─como, por ejemplo, formar redes para la identificación y denuncia de casos de violencia  y abandono contra las personas adultas mayores─.

Crear conciencia sobre la necesidad de visibilizar y atender los problemas que afectan a este sector de la población, así como interpelarnos sobre cuál será nuestra participación en este cambio es tarea de todos!

Todas y todos envejecemos. ¡No seamos indiferentes!